No levantamos cabeza: otro partido de local para lamentar.

17 Julio 2026



¡Qué lástima, amigos de Mataderos! Se nos escaparon dos puntos de oro en la República. Nueva Chicago empató 1-1 contra Agropecuario en un partido que nos deja un sabor amargo en la boca, pero que para los ojos de los obsesivos de la pizarra dejó un montón de tela para cortar.
Chicago salió con su identidad habitual. Dibujó un 4-3-3 de origen que mutaba a un 3-2-4-1 en fase de posesión. El objetivo era clarísimo: fijar bien altos a los extremos para ensanchar la cancha y hacer correr el bloque defensivo de Agropecuario de lado a lado.
El planteo del rival fue ultra conservador. Estructuró un 4-4-2 en bloque bajo con un objetivo táctico evidente: negar el carril central y forzar a Chicago a tirar centros predecibles, apelando a la solidez de sus defensores en el juego aéreo.
Luego de un primer tiempo para olvidar, en el que prevalecieron más los errores que el fútbol en el verdinegro, el segundo tiempo, encontró a un Chicago cayendo en la monotonía posicional. Al minuto 58, tras una desatención defensiva y una segunda jugada mal defendida, el defensor visitante Alan Pérez rompió líneas y puso el 0-1. Un baldazo de agua fría que paralizó a Mataderos.
El banco de Chicago reaccionó rápido. Rompió el doble pivote defensivo, metió piernas frescas en los carriles internos y transformó el equipo en un 3-1-4-2. El objetivo fue acumular más receptores a la espalda de los mediocampistas del "Sojero".
Cuando las ideas se nublaban por el apuro, la jerarquía individual destrabó la jaula. Al minuto 75, tras una triangulación rápida por la banda, apareció Simón Pérez para definir con una precisión clínica y clavar el 1-1 definitivo.
Chicago tuvo la pelota, pero la posesión sin cambio de ritmo es solo una ilusión de control. Faltó inventiva, desmarque de ruptura en el último tercio y agresividad en el 1v1 por afuera para romper un bloque que se agrupó en 20 metros. Agropecuario ejecutó su plan de contingencia a la perfección, se llevó lo que vino a buscar y a nosotros nos obliga a repensar cómo dañar a los equipos que se nos vienen a colgar del travesaño.
Contra Agropecuario la posesión fue un monólogo horizontal. Para el próximo partido, los interiores no pueden pedir siempre la pelota al pie. Se necesita que el "8" o el "10" ataquen el espacio libre a la espalda de los defensores centralizados rivales (lo que en Europa llaman viajes de tercer hombre). Si un volante pica al vacío, arrastra marcas y desarma cualquier bloque bajo, liberando el camino para los delanteros.
Si los extremos reciben abiertos pero tocan hacia atrás, el ataque se vuelve totalmente predecible.
Es necesario diseñar situaciones de aislamiento. El equipo debe sobrecargar la banda izquierda para atraer al rival y, con un cambio de frente rápido, dejar al extremo derecho mano a mano contra el lateral opuesto con espacio para encarar. Romper en el uno contra uno por afuera es la forma más efectiva de forzar ayudas defensivas y desordenar al oponente. El gol de Agropecuario desnudó que el equipo queda mal parado cuando pierde la pelota en campo contrario.
Es indispensable implementar un sistema de vigilancia activa. Mientras Chicago ataca con 6 o 7 jugadores, los dos defensores centrales y el mediocampista tapón deben "marcar en ataque", es decir, tomar físicamente a los delanteros rivales antes de que su propio equipo pierda el balón.
Se necesita cortar el contragolpe de raíz mediante una presión tras pérdida asfixiante, impidiendo que el rival respire o progrese.
En fin, que contra Atlético Rafela se empiecen a ver los cambios porque ya no nos podemos dar el lujo de seguir perdiendo puntos, mucho menos como local.