Nuestras historias
Las tristes consecuencias de la desidia: Chicago se fue al descenso.
02 Noviembre 2026

Bueno, al final ocurrió lo que más temíamos. Tristeza por todas partes; era una cuestión lógica.
No nos vamos a detener demasiado en la parte estrictamente futbolística, en los números finos
de la tabla, porque en realidad se dio lo que tenía que darse: los rivales jugaban su partido, los
resultados ajenos jugaron su ficha, y la campaña quedó marcada a fuego por los propios
errores. O sea que, deportivamente, las culpas están a la vista de todos, aunque a principio de
año uno tratara de mantener un margen de prudencia y un optimismo moderado.
La cosa acá pasa hoy por otro andarivel, ¿no? O sea: ¿qué hicimos para llegar a este
punto? ¿Qué hicimos? Evidentemente, lo que se hizo, se hizo mal. La elección de los cuerpos
técnicos, la selección y compra de jugadores, la planificación general. Uno a veces confía en
que los dirigentes hacen las cosas bien, por un lado; y por el otro, está claro que uno juzga a
posteriori y no a priori. La mayoría de los jugadores y técnicos de estas categorías no son
figuras masivas de marquesina; uno los conoce de oído por alguna buena referencia o por la
campaña anterior en otra institución. Pero al jugador y al técnico se los ve en la cancha con el
transcurso del tiempo, a ver cómo actúan bajo presión. Nadie puede abrir un juicio definitivo al
arrancar el año si no tiene un conocimiento quirúrgico de lo que se está contratando.
Pero esto no es un problema de ahora, no es solamente esta comisión la que provocó esta
catástrofe institucional y deportiva —porque hay que decirlo con todas las letras: es una
catástrofe. Esto es el último eslabón de una cadena de fracasos que arrastra años. Años de
improvisación, de vivir a los tumbos, de tropezar siempre con la misma piedra. ¿Dónde está la
autocrítica? ¿No hubo nadie con un mínimo de claridad dirigencial a lo largo de este tiempo
como para evitar semejante abismo?
Hablemos claro: ¿para qué sirve el poder? El poder debería servir para servir. Vale la
redundancia, el poder tiene que estar al servicio de la institución, del socio, del club de nuestros
amores. Si no hay vocación de servicio, si no se es idóneo para gestionar, muchachos, no se
presenten a una elección. No se presenten. Y encima, son siempre las mismas caras que
rotan, que vuelven período tras período, reciclados, mezclados unos con otros. ¡Basta! Hace
falta gente nueva, aire fresco, gente que quiera al club de verdad y muestre idoneidad. Si ya te
tocó estar y fracasaste, date cuenta de que tu ciclo está cumplido; no te presentes más en
ninguna lista. Y a los que ganan, les agrada tanto el ejercicio del poder que terminan haciendo
un abuso constante: cancelando voces, marginando al disidente, haciendo lo que se les antoja
sin pedir un solo consejo.
Lamentablemente, hemos vivido situaciones de este tipo durante demasiado tiempo. Lo mínimo
que deberían hacer todos los responsables es pedir perdón, pedir disculpas públicas por
este presente angustiante.
Y ojo, que acá el periodismo partidario tampoco está afuera de todo esto, eh. No somos
inmaculados, cuidado. Hay un silencio periodístico en los pasillos que atemoriza. Algunos
levantan la voz, es cierto, pero la gran mayoría cae en un silencio cómplice, temeroso de que
les quiten la acreditación, de que les cierren las puertas o de que les toque el bolsillo en el
próximo viaje de visitante. Si tenés miedo de decir la verdad por conveniencia, hermano,
dedicate a otra cosa. El periodista tiene que ser fiel a sus convicciones, a sus principios y
jugarse por la verdad con respeto, sin odio ni bronca, pero contando las cosas tal cual son.
Por eso, un club donde conviven la ineficiencia dirigencial, un sector del periodismo que calla
por conveniencia y una dirigencia que persigue a los que piensan distinto... ¿cómo pretende
terminar? No se puede llegar a buen puerto de esta manera, muchachos.
Hagamos un replanteo profundo. Busquemos gente nueva, genuina, que no haya estado
prendida de los escritorios de siempre. Lo de hoy es muy doloroso, es para llorar, señores. Pero
hay que barajar y dar de nuevo.
Y a vos, que anduviste por ahí operando bajo cuerda y llevándole chismes a la dirigencia de lo
que uno dice o deja de decir... decime: ¿de qué te sirvió? ¿Qué ganaste? Al final, el barco se
hunde igual.
Ahora nos toca remar todos para adelante, unirnos como hinchas, socios y autoconvocados, y
empezar a reconstruir los cimientos de lo que nunca debió perderse.
Un abrazo grande para todos.
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