Nuestras historias
Otra lamentable derrota que nos complica seriamente.
12 Septiembre 2026

¿Qué querés que te diga? Te da bronca, te rompe el alma. No terminaste de acomodarte en el
tablón, ni te prendiste el pucho, y ya estás perdiendo 1 a 0. Lo de este sábado en Munro fue
una puñalada directa al corazón del hincha. No se puede entrar a jugar un partido clave por la
permanencia con esa pasividad. El gol de Rodrigo Monserrat de mitad de cancha no es solo
una genialidad de él o una avivada aprovechando las dimensiones de una cancha chica; es el
reflejo de que entramos dormidos. ¡Al minuto de juego, muchachos! Facundo Masuero
adelantado, una pifia en el fondo, y a remar de atrás desde el vestuario.
Veníamos con el envión anímico de ganarle a Quilmes entre semana, respirando un poco, pero
hoy volvimos a ser ese equipo predecible, atado con alambre, al que le cuesta una enormidad
generar una situación limpia de gol. La ausencia de Thiago Ocampo dolió muchísimo arriba,
perdimos peso e inventiva. Gastón Lotito movió el banco en el entretiempo, metió mano, fuimos
al frente por puro orgullo y empuje, pero no nos cayó una idea. Da dolor ver a Chicago en el
puesto 15°, mirando de reojo los promedios y la tabla de abajo, cuando la historia te exige estar
peleando por volver a Primera. Nos volvimos de Munro con las manos vacías, masticando
rabia, porque estos partidos no se pierden por táctica: se pierden por estar desenchufados
cuando suena el silbato.
Desde una perspectiva estrictamente analítica, el partido se quebró en el segundo 57,
exponiendo un desajuste posicional sistémico crónico en la estructura defensiva de Nueva
Chicago. El gol de Monserrat no debe catalogarse meramente como una "contingencia fortuita";
nace de una mala lectura en la activación de la vigilancia defensiva y la altura del bloque.
Colegiales propuso un juego directo desde el pitazo inicial. Ante el pivoteo de Franco Ziccarelli,
la línea de fondo de Nueva Chicago (4-2-3-1) sufrió una fractura en la lectura de las segundas
jugadas. El rechazo defectuoso hacia el eje central dejó un espacio libre de marcas en la zona
de iniciación rival. Facundo Masuero, ubicado en una posición excesivamente adelantada
respecto a su línea defensiva para un contexto de juego directo sin presión alta, fue víctima de
un déficit en su técnica de carrera hacia atrás. El remate de Monserrat castigó la nula cobertura
espacial de los centrales.
En la segunda mitad, el DT Leo Fernández retrasó las líneas de Colegiales a un bloque medio-
bajo, cediendo la iniciativa (posesión estéril) a Chicago. El equipo de Gastón Lotito sumó
volumen ofensivo mediante sustituciones, pero careció de escalonamiento entre líneas. El
ataque posicional del conjunto de Mataderos se volvió sumamente plano
Los extremos no lograron generar ventajas numéricas (\(2v1\)) por las bandas.
Sin un mediapunta capaz de romper la estructura rígida del mediocampo de Colegiales, la
circulación horizontal facilitó la basculación defensiva local.
En el contragolpe, Colegiales no aumentó la ventaja únicamente debido a la ineficacia en el
último pase. En conclusión, el gol tempranero moldeó el libreto estratégico: Colegiales ejecutó
un plan de repliegue y contra con solidez posicional, mientras que Chicago demostró que el
ímpetu físico sin un circuito de pases entrelazados raramente rompe un bloque defensivo
consolidado en el fútbol de ascenso.
Hay que dar vuelta la página ya, muchachos. Lo de Colegiales dolió porque entramos con los
ojos cerrados, pero contra Patronato jugamos en nuestra casa, en la República de Mataderos,
y ahí la historia es otra. No hay margen para especular ni para regalar un solo minuto. La gente
va a ir como siempre, exigiendo un cambio radical de actitud desde el segundo cero.
Contra Patronato tenemos que recuperar la memoria y el juego que nos dio el triunfo ante
Quilmes hace dos fechas. No podemos volver a ser ese equipo tibio y predecible que deambula
horizontalmente sin lastimar. Gastón Lotito tiene que sacudir el avispero en la semana: si
Thiago Ocampo sigue afuera, hay que inventar otra variante que pise el área con autoridad y
arrastre marcas. El medio tiene que morder, presionar alto y asfixiar a Patronato en la salida.
En Mataderos somos nosotros los que tenemos que imponer las condiciones, atropellar al rival
con fútbol y temperamento, y dejar los tres puntos en casa para mirar la tabla con otra cara. ¡A
despertarse que la camiseta de Chicago exige otra cosa!
Para el encuentro ante Patronato, el cuerpo técnico de Nueva Chicago enfrenta un reto
predominantemente estético y estructural: transformar una posesión pasiva e ineficaz en un
ecosistema ofensivo con profundidad y rupturas funcionales.
La rigidez geométrica mostrada ante Colegiales determinó una preocupante falta de juego entre
líneas. Frente a la probable disposición en bloque medio de Patronato, los extremos deben
abandonar la línea de cal para actuar como "interiores", atrayendo la marca de los laterales
rivales hacia el centro. Esto liberará los carriles externos para las proyecciones en carrera de
los laterales locales.
Hay que activar circuitos de pase corto para atraer la presión y habilitar un tercer futbolista libre
que reciba perfilado de cara al arco contrario.
Patronato suele estructurar sus ataques a través de transiciones rápidas capitalizando las
pérdidas en el círculo central. El mediocampo de Chicago no puede quedar descompensado al
atacar. Se requiere un doble pivote escalonado (uno rompe en presión y el otro cubre la línea
de pase) para mitigar el juego directo rival. La zaga central debe ajustar la distancia con el
arquero Facundo Masuero para evitar el desamparo espacial expuesto en la jornada anterior.
e cara al trascendental choque contra Patronato en Mataderos, el entrenador Gastón Lotito
sabe que no puede repetir la fórmula que fracasó en Munro. Las fichas se mueven en el tablero
y los nombres propios entran en discusión.
Muchachos, el horno no está para bollos y contra Patronato hay que meter cirujía mayor. En el
fondo, lo de Dylan Gissi ya preocupa; viene de flojas respuestas y pide banco a gritos para que
entre un pibe con más hambre o se reacomode la zaga. Pero el verdadero drama lo tenemos
de mitad de cancha para adelante. El mediocampo contra Colegiales fue una autopista de
lentitud. El hincha se pregunta: ¿por qué no juega de arranque Matías Bergara si contra
Quilmes fue eléctrico y demostró que está recuperando su nivel? Sentar a Bergara para poner
un esquema timorato nos costó el partido.
Arriba, la sequía de Simón Pérez es alarmante. Necesitamos recuperar los goles de Thiago
Ocampo o meter la frescura de Sebastián Cocimano para que muerda a los centrales
entrerrianos. En Mataderos no queremos ver más intrascendencia. Lotito tiene que sacar a los
que juegan con displicencia y rodear bien a Evelio Cardozo, que está muy solo para generar
fútbol. ¡A sacudir los nombres que nos estamos jugando la vida!
El análisis de rendimiento individual tras la jornada 29 obliga a una intervención estructural que
modifique los perfiles cinemáticos y asociativos del 4-4-2 inicial. Las variantes lógicas que el
cuerpo técnico de Nueva Chicago debería implementar se dividen en dos fases críticas:
La inclusión de Dylan Gissi aportó experiencia posicional, pero restó velocidad de retroceso en
transiciones abiertas, un déficit letal expuesto ante Colegiales. Se proyecta el ingreso de un
perfil más reactivo y veloz en la cobertura de espacios amplios para complementar la fortaleza
de Bruno Palazzo.
El bloque requiere la titularidad definitiva de Matías Bergara como interior/extremo con
tendencia central. Bergara ofrece recepción entre líneas y aceleración en el último tercio,
rompiendo la previsibilidad del doble pivote rígido.
Simón Pérez actuó desconectado de los extremos. Si Thiago Ocampo continúa con limitaciones
físicas, la alternativa de Sebastián Cocimano ofrece mejores registros en apoyos de espaldas
y descargas rápidas hacia las llegadas de segunda línea de Evelio Cardozo. Esto evitaría el
aislamiento del centrodelantero frente a la zaga de Patronato.
Nueva Chicago debe arriesgar con un 4-3-3 ofensivo en Mataderos para explotar las graves
falencias de Patronato como visitante. El cuerpo técnico liderado por Gastón Lotito tiene en
sus manos la oportunidad de redimirse con un planteo audaz. A continuación, combinamos la
simulación táctica del nuevo esquema con la radiografía de las debilidades del rival entrerriano.
¡Esto es lo que pedía el pueblo verdinegro! De local no podemos ser amarretes. Si Lotito se
anima al 4-3-3, Patronato se va a tener que meter adentro de su arco. Poner a Matías Bergara
de extremo por derecha con el perfil cambiado para que encare y limpie el camino, y dejar a
Evelio Cardozo libre como un enganche mentiroso, es la solución. Ellos dos tienen el fútbol
que le falta a este equipo. Sumale a Sebastián Cocimano metiendo el pecho entre los centrales
y tenemos dinamita pura. Claro que atrás nos vamos a exponer un poco más, pero en
Mataderos se gana atacando, asfixiando y pasándolos por arriba desde el vestuario.
La transición del 4-4-2 hacia un 4-3-3 asimétrico optimiza la ocupación de los espacios en el
último tercio del campo.
Rol de Bergara: Actúa como "extremo invertido". Libera el carril exterior para las subidas del
lateral.
Rol de Cardozo: Funciona como un interior de posesión y ruptura. Se asocia en el pasillo
central.
Riesgo estructural: El equipo queda expuesto a contragolpes si los volantes de contención no
realizan coberturas eficientes.
Muchachos, Patronato fuera de su provincia cambia totalmente: es un equipo tierno, frágil y
temeroso. Se meten atrás en un bloque bajo, se defienden cerca de su arquero y les cuesta
horrores salir limpios. Si les metemos presión alta en los primeros quince minutos, entran en el
desconcierto total. No saben qué hacer con la pelota bajo presión. Tienen centrales corpulentos
pero pesados, ideales para que Cocimano los vuelva locos y Bergara los encare en velocidad.
Hay que tirarles los galones y la historia encima.
El análisis de los partidos de Patronato fuera de casa revela fallas estructurales recurrentes en
su fase sin pelota:
Padecen desatenciones crónicas en la marca en zona dentro del área.
Sufren constantes situaciones de inferioridad numérica en las bandas.
Sufrimiento garantizado ante presiones tras pérdida en el segundo tercio.
Los defensores centrales muestran dificultades evidentes en los giros rápidos.
El partido contra Patronato no es una fecha más, muchachos: es una auténtica final. En
Mataderos no se puede regalar ni un milímetro, ni un segundo, ni un suspiro. Hay que entrar
concentrados desde el minuto cero, a morder en cada rincón de la cancha y con el empuje de
nuestra gente, que va a volver a reventar las tribunas como marca la historia de este club.
Si Lotito se la juega con ese 4-3-3 ofensivo, si Bergara encara como sabe y si el equipo
entiende la camiseta que tiene puesta, a los entrerrianos nos los llevamos puestos. Se terminó
el tiempo de las especulaciones y de mirar la tabla de abajo con miedo. Es hora de hacernos
fuertes en nuestra fortaleza y demostrar por qué somos el verdadero gigante del Ascenso.
¡A dejar la vida en cada pelota, Torito de mi corazón! ¡El sábado cueste lo que cueste, vamos
Chicago carajo!