El empate ante los sanjunaninos nos dejó al borde del precipicio.

26 Octubre 2026



Hermano, qué injusticia. Jugar en el República de Mataderos vacío por una sanción nos partió el alma y encima sacar solo un empate cuando lo que se necesitaba era ganar. En el primer tiempo llegamos muchas veces Lo de Lucas Ambrogio, encarando, los volvía locos por la banda. Y el penalazo que no nos cobra el árbitro Pablo Giménez... ¡Dejate de joder! Mercado se lo lleva puesto a Ambrogio adentro del área y el juez miró para otro lado.
Arrancar el segundo tiempo con ese gol de carambola de Funez al minuto fue un cachetazo congelante. Se nos vino el mundo abajo. Pero Chicago es Mataderos: es sufrimiento, es ir al frente contra todo y contra todos. El córner venenoso de Ambrogio y la aparición goleadora de Simón Pérez para meter el anticipo en el primer palo fue un grito de desahogo que retumbó en todo el barrio. Merecimos ganarlo al final, pero el arquero de ellos sacó tres pelotas imposibles. Alcanzamos a Patronato en la tabla y ahora nos jugamos la vida, la historia y la camiseta contra Chacarita.
Desde una perspectiva estrictamente técnico-táctica, el enfrentamiento ofreció un tablero de ajedrez dinámico caracterizado por un bloque medio-bajo defensivo y transiciones ofensivas hiper-agresivas por ambos bandos.
El partido se planteó "roto" desde el inicio. Chicago ejecutó un plan de juego basado en la explotación de los pasillos laterales, utilizando a Ambrogio como un extremo de ruptura (fijando y desbordando). El sistema defensivo de San Martín sufrió para tapar los intervalos entre el lateral y el marcador central.
El inicio del segundo tiempo desarmó la planificación estructural. El gol de Nazareno Funez a los 47' nació de una segunda acción tras un tiro de esquina. El bloque defensivo de Chicago mostró un déficit de atención en la marca en zona, permitiendo un remate limpio en una zona de alta densidad.
Tras el empate de Simón Pérez —una excelente acción de anticipo tras un envío con rosca cerrada— el partido mutó a un contexto de ida y vuelta. Las sustituciones del tramo final (los ingresos de Cardozo y Ruiz en el local) buscaron sumar volumen de juego asociativo por dentro, pero chocaron contra la figura del arquero Sebastián Díaz Robles. El guardameta sanjuanino neutralizó la ofensiva de Chicago con intervenciones basadas en una excelsa lectura de anticipación y reflejos en línea de gol.
El empate deja un escenario de alta tensión analítica y emocional. Para Nueva Chicago, el punto le permite alcanzar la línea de Patronato, manteniendo el destino de la permanencia en sus propias manos en un partido definitivo ante Chacarita. Tácticamente, necesitará corregir las transiciones defensivas si quiere evitar sufrir ante el contragolpe funebrero.
Analizar el comportamiento de Chacarita Juniors en su estadio de Villa Maipú es meterse en un terreno donde la urgencia matemática, la localía brava y el pragmatismo táctico de su nuevo entrenador conviven en un equilibrio sumamente inestable. El "Funebrero" viene transitando una campaña muy irregular en la Zona B, pero sus últimos antecedentes en casa demuestran que allí se aferran a los puntos con uñas y dientes.
Muchachos, se viene la verdadera final por la vida. Hay que ir a San Martín sabiendo que ellos, por más que estén en su cancha y con su gente, cargan con el peso de una campaña flojísima que los tiene abajo en la tabla. Pero ojo, no nos regalemos: de local se hacen duros. Le ganaron 1-0 a Patronato y 1-0 a Deportivo Maipú en las últimas fechas que jugaron ahí. ¿Y saben cómo ganan? Te meten un gol de contra o de pelota parada y se te meten todos atrás a hacer tiempo y revolearla. ¡Son amarretes!
Tienen experiencia en el fondo con el 'Tano' Vittor y arriba te puede complicar el movedizo de Meléndez si le damos espacios. Pero la presión es de ellos. Su gente les va a exigir ir al frente desde el minuto uno y ahí es donde Chicago tiene que ser bicho. Hay que bancar el embate inicial, morder en el medio y salir rápido con Ambrogio para explotarles las espaldas a los laterales. ¡Ellos se desesperan! Si les manejamos la pelota, la cancha se les va a volver un hervidero en contra. ¡Vamos Mataderos, con el corazón en la mano!
Desde un punto de vista macro-táctico, el Chacarita de Sergio Rondina ha mutado hacia un pragmatismo absoluto debido a las urgencias de la tabla de posiciones. En condición de local, el equipo ha abandonado el protagonismo estético para priorizar la solidez estructural y el aprovechamiento de ventajas mínimas.
A diferencia de los equipos tradicionales de Chacarita, este modelo no presiona alto. Rondina suele estructurar un 4-4-2 o un 4-1-4-1 que se repliega rápidamente cuando pierde la posesión. La presencia de Sergio Vittor le otorga experiencia y capacidad de despeje en el área, pero el bloque sufre si es atacado en velocidad o mediante cambios de frente que expongan la lentitud en el retroceso de sus mediocampistas externos.
Chacarita de local prescinde de las posesiones largas. Su salida suele ser directa, buscando segundas jugadas o explotar la velocidad de Maximiliano Meléndez (goleador del equipo con 6 tantos). El balón detenido es su principal argumento ofensivo: sus últimos triunfos en San Martín se cimentaron en jugadas de pizarra, tiros de esquina o segundas acciones tras rechazos cortos.
Su mayor déficit radica en las transiciones defensivas. Si el rival logra superar la primera línea de presión en el mediocampo, la defensa de Chacarita tiende a retroceder demasiado cerca de su arquero (Bologna o Losas), concediendo tiros de media distancia o faltas en zonas de peligro.
El plan táctico ideal para Chicago consistirá en negarle las transiciones rápidas a Chacarita y forzarlo a asumir la iniciativa posicional, un contexto donde el "Funebrero" muestra severas deficiencias creativas. Mantener la solidez en el juego aéreo defensivo neutralizará el 60% del peligro que genera el local en su estadio.
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